EJE INTESTINO-CEREBRO: LA PRODUCCIÓN DE SEROTONINA Y DOPAMINA EN EL TRACTO DIGESTIVO

 

 

tejido conectivo

La ciencia cada vez le da un mayor peso al papel del intestino y de la microbiota incluso a cuestiones tan cerebrales como nuestras emociones.

Cuanto la ciencia más explora el cuerpo humano, más se da cuenta de la importancia de lo conectados que están todos los sistemas, incluso aquellos a los que tradicionalmente no se les había dado tanto peso.

Un clarísimo ejemplo de esta relación es la microbiota, los huéspedes que viven principalmente en nuestro intestino y que se ha visto que no sólo lo habitan, sino que al igual que los humanos con su hogar, lo adornan y decoran a su gusto.

Estos microorganismos, que se cuentan por billones tienen rutas metabólicas únicas, que nos permiten digerir alimentos que de otra forma no podríamos aprovechar, y sus desechos en muchas ocasiones, tienen efectos muy positivos para el organismo.

LA DOPAMINA ES UN CLARO EJEMPLO DE ESTAS RELACIONES PECULIARES

Este neurotransmisor, crítico tanto para el sistema nervioso central como para el periférico, no sólo se produce en el cerebro, sino que algunos de los microorganismos del intestino lo pueden usar como señal para manejar las sensaciones que sentimos.

Según se ha podido detectar, los microorganismos pueden generar tanto dopamina, como los precursores que favorecen su síntesis, por lo que hasta el 50 % de la producción de este neurotransmisor es consecuencia de nuestras bacterias intestinales.

Pero lo que resulta más espectacular es que la microbiota intestinal fabrica en torno al 90 % de serotonina en el cuerpo humano, la conocida como la “hormona de la felicidad”.

Por ello, se está explorando su potencial terapéutico para ayudar a tratar síntomas de trastornos mentales tan graves como la depresión o la ansiedad.

En palabras del Dr. Lin Lu, director del Hospital Universitario Número 6 de la Universidad de Pekin:

“Cada vez tenemos más claro que la microbiota intestinal desempeña un papel fundamental en la salud neurológica y psiquiátrica”.

Este investigador ha liderado recientemente a un equipo internacional de investigadores para tratar de hallar nuevas conexiones desconocidas entre la microbiota y los trastornos del sueño.

Por otro lado, otros grupos están investigando el camino contrario, tratando de comprender la bidireccionalidad de la comunicación o cómo el cerebro, mediante impulsos nerviosos y hormonas, también es capaz de controlar qué huéspedes quiere en su intestino y deshacerse de los que no.

 QUIÉN SE QUEDA Y QUIÉN SE VA

Pero para saber qué bacterias son las más beneficiosas, el cerebro ha de conocer y reconocer a sus huéspedes, y según un estudio del instituto Picower del MIT, podría haber neuronas especialmente encargadas de eso.

Según han mostrado en un experimento con  C. elegans, el gusano que más ha aportado a la ciencia, estas neuronas estarían especializadas en detectar los compuestos químicos que liberan las bacterias y así evitar a las patógenas.

En los C.elegans este mecanismo es crucial, puesto que las bacterias son su fuente de alimento, y por lo tanto comerse una perjudicial, podría suponer un riesgo para su vida.

Según indican los investigadores, cuando uno de estos gusanos se come una bacteria que puede ser buena para comer, ciertas neuronas especiales abren unos canales que inducen la liberación de serotonina, así que el gusano obtiene una “descarga de felicidad” que le indica que en ese sitio hay comida saludable para él.

“Pero no hay razón para que estas vías se limiten al C. elegans”, explica Steven Flavel, uno de los autores del estudio. “Los factores moleculares que hemos identificado se encuentran en muchas especies, incluidos los mamíferos”.

Así pues, este mecanismo también podría estar presente en humanos, y dar lugar a respuestas orgánicas para favorecer unas poblaciones de bacterias sobre otras. Aunque todavía se necesitan recoger más datos para asegurar que ocurre de esta forma.

USAR LA MICROBIOTA A NUESTRO FAVOR

Según muestran los análisis más completos, los filos de bacterias presentes en mayor cantidad en nuestro intestino son Bacteroidetes y Firmicutes, y tras ellos hay Proteobacteria, Fusobacteria, Cyanobacteria, Tenericutes y las Verrucomicrobia.

Dentro de cada una de estos y otros filos hay cientos de especies y miles de subespecies distintas, que son lo que le dan la auténtica variabilidad a la microbiota.

Además, hay varios grupos de investigación que están diseñando bacterias intestinales mediante técnicas de ingeniería genética para que produzcan estos neurotransmisores.

Por ello, los investigadores tienen muchas esperanzas puestas en el desarrollo de nuevos tratamientos que impacten sobre la microbiota intestinal especialmente en trastornos mentales como la depresión, la esquizofrenia y los trastornos de ansiedad.

Con estas investigaciones, parece que la frase del filósofo español: José Ortega y Gasset no podría venir mejor: “Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo” siendo estas circunstancias, además de la experiencia y la gente que nos rodea, la microbiota.

 

Daniel Pellicer Roig

Biotecnólogo especializado en biomedicina y enfermedades raras

Las bacterias del intestino, flora intestinal, microbioma

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